¿Y ahora? El análisis que expone el talón de Aquiles de la gestión de Milei

Dos años y ocho meses después de haber ‘pateado el hormiguero’, la pregunta es si el gobierno de Milei tiene un plan para construir algo sólido.
El presidente Javier Milei pasará a la historia por haber ‘pateado el hormiguero’, pero dos años y ocho meses después, la gran pregunta es si su gobierno tiene un plan para construir algo sólido. Así lo plantea un duro análisis que pone el foco en las promesas incumplidas y los desafíos que aún no tienen respuesta.
El paso del tiempo, según este análisis, confirmará dos cosas: el carácter histórico del mandato de Milei y, al mismo tiempo, sus límites. En el debe, el Presidente es el que rompió inercias, desafió consensos agotados y removió temas tabú. También reinstaló la disciplina fiscal, aunque con licuadora más que con motosierra, algo que el país tuvo pocas veces y por cortos períodos.
Pero aquí surge el interrogante central: una cosa es romper y otra, construir. Y lo que se está viendo es que esa construcción todavía no aparece, ni siquiera una hoja de ruta para alcanzarla. El gobierno está concentrado casi exclusivamente en lo económico, y dentro de eso, en tres ejes: el superávit fiscal, el pago de la deuda y el mercado de cambios.
El superávit fiscal se logró licuando el gasto en 2024, casi sin reformas. La deuda en dólares se paga con financiamiento a los ponchazos, y en pesos con más deuda. Y en el mercado de cambios, el Banco Central compró dólares durante 2024, vendió, necesitó al Tesoro norteamericano en 2025 y vuelve a comprar en 2026.
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El análisis advierte que sería un error conformarse con la dolarización de los argentinos, ya que los dólares que entran por una ventana se van por otra: al colchón, a la tarjeta en dólares, a Punta Cana. Esa oferta de dólares sirve para evitar una crisis cambiaria como las de 2014, 2018, 2022 y 2025, pero el análisis señala que sería un error conformarse con eso.
La Argentina tiene hoy algo que pocas veces tuvo: superávit fiscal y superávit comercial al mismo tiempo. Es una oportunidad para evitar una crisis financiera, pero también para algo más. El gobierno, en cambio, parece enfocado en la ingeniería electoral para la reelección, ‘al puro estilo casta’, según el texto.
El análisis plantea preguntas clave: ¿cómo recuperar la moneda?, ¿cómo mejorar la productividad?, ¿cómo volver a generar movilidad social?, ¿cómo se corrige la regresividad del modelo?, ¿cómo se mejora la distribución sin interferir la inversión?, ¿cómo se integran los sectores congelados?, ¿cómo crear instituciones que rindan cuentas?
La idea de que ‘la macro anda bien y falta la micro’ es un concepto equivocado, porque lo macro no está resuelto. La macro resuelta genera previsibilidad y baja incertidumbre para las decisiones de consumo, ahorro e inversión. Pero este no es el caso.
La estabilidad bien entendida todavía está lejos, y aunque llegara, no es el punto de llegada, sino la plataforma para que la sociedad vuelva a creer, crecer e invertir.
El desafío de superar el dogmatismo es acumular supuesto poder de fuego con swaps o reservas que no existen no es un programa. Es casi decir que la discusión sobre la hoja de ruta queda para el próximo gobierno. La alta dolarización de los argentinos expresa dudas sobre cómo se reconstruye hacia adelante.
No se trata de encontrar un punto medio entre populismo y dogmatismo, porque el promedio del fracaso lleva al fracaso otra vez. Hay que superar ambas posturas. El camino debe ser superador.
La reconstrucción de la confianza incluye la moneda, la productividad, el progreso social, instituciones que funcionen.